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Clasificación de las hierbas medicinales
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Astringentes: cuando contraen los tejidos,
combaten diversas molestias inflamatorias de la boca, de la garganta, de los
intestinos o de los órganos genitales.
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Antisépticas: son desinfectantes.
Aperitivas: estimulan el apetito.
Báquicas: combaten la tos.
Calmantes o sedativas: ejercen función atenuante
sobre el sistema nervioso.
Carminativas: excelentes para evitar la
flatulencia (gases) en el estómago y los intestinos.
Depurativas: purifican la sangre y limpian los
humores.
Desobstruyentes: combaten las obstrucciones
intestinales, hepáticas, etc.
Diuréticas: tienen la virtud de aumentar la
secreción de la orina y descongestionar los ríñones.
Emenagogas: regulan la menstruación y ejercen
acción benéfica sobre los órganos genitales femeninos.
Eméticas: provocan vómito.
Emolientes: ablandan el tejido endurecido por
abscesos, úlceras, inflamaciones y contusiones.
Estimulantes: aumentan las energías en las
funciones vitales, ejerciendo acción vivificante sobre los órganos y normalizando
su funcionamiento.
Estomacales: combaten el dolor de estómago.
Esurínas: inhiben el hambre.
Expectorantes o pectorales: ejercen acción
especial sobre las vías respiratorias.
Febrífugas o antipiréticas: combaten la fiebre.
Hemostáticas: combaten las hemorragias.
Purgativas, laxativas, catárticas y drásticas:
aceleran las evacuaciones.
Resolutivas: ideales para tratar inflamaciones.
Sudoríferas o diaforéticas: provocan transpirar
y sudar.
Tónicas: fortifican el organismo, combaten el
raquitismo, la debilidad general, la anemia y la debilidad pulmonar.
Vermífugas o antihelmínticas: acaban con las
lombrices.
Vulnerarias: curan heridas.
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